Je ne sui pas Garissa

Por Iara Bermúdez y Waldemar García
El pasado 2 de abril, un ataque terrorista por parte de milicianos de Al Shabab, una organización armada somalí alineada con la yihad islámica, ejecutó, al menos, a 148 estudiantes e hirió a otros 80 de la universidad de Garissa en Kenia.
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La acción terrorista, que duró cerca de 16 horas, se suma a otra acciones similares realizadas por esta organización que se unió a Al Queda en 2012 y lucha por la instauración de un Estado Islámico en Somalia. Sheikh Ali Raage, portavoz de Al Shabab dijo que «los muyahidines separaron a profesores y estudiantes no musulmanes y que el objetivo final era acabar con todos los no musulmanes que están en su poder», según publica el diario “20 minutos” de España. El ejército de Kenia hace algunos años que incursiona en territorio somalí con el objetivo de eliminar el grupo Al Shabab, que ha protagonizado numerosos atentados en territorio Keniata. Según explica Jorge Hernández en El País de Madrid “Al Shabab significa “los jóvenes” y se trata de una fracción minoritaria y radicalizada al extremo de la llamada Unión de Tribunales Islámicos, un conglomerado de organizaciones islámicas asentada en Somalia.”

Hace pocos días que el gobierno de Kenia anunció la construcción de un muro en la frontera con Somalia. El ministro de Seguridad Interior, Joseph Nkaisery, al anunciar la construcción del muro explicó que “el muro evitará los ataques del grupo somalí, al Shabab”… “la obra se iniciará la próxima semana con la construcción de un muro que separará la ciudad de Mandera de la ciudad somalí de Bulahawa.”

Lo que llama más la atención es la poca cobertura periodística y mediática que ha recibido la noticia. A diferencia del atentado producido en la sede del semanario francés Charlie Hebdo, en el que la prensa mundial se volcó durante días y las declaraciones de los líderes mundiales inundaban los medios repudiando el atentado, en esta ocasión, si bien muchos líderes han repudiado el ataque, sus declaraciones no han tenido la repercusión mediática que tuvieron en la anterior oportunidad. Tampoco se han producido multitudinarias marchas en el mundo, ni las redes sociales se han llenado de carteles reclamando “Yo soy estudiante de Garissa”. ¿Por qué unas vidas tienen tanto mayor valor que otras para la prensa? En abril de 2007, Roy Greenslade, publicaba un artículo en el matutino británico The Guardian, titulado “A hierarchye of death” (la jerarquía de la muerte). En ese artículo explicaba la diferente cobertura que los medios habían dado a dos noticias que habían coincidido en el tiempo: la muerte de 32 estudiantes en un tiroteo dentro de una universidad norteamericana y la muerte de 200 civiles en Irak, producto de la invasión por parte de las tropas de la OTAN. Decía Greenslade, en el primer caso tenemos una cobertura mediática enorme, tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña, en el segundo caso la información es restringida y no apareció en un medio tan importante como el Times de Londres. Explica, “primero las razones generales. Los medios de comunicación operan en lo que equivale a una jerarquía de la muerte. Estos son los criterios: la muerte de extranjeros siempre están por debajo de las muertes domésticas. Del mismo modo, sobre la base de que todas las noticias son locales, las muertes en casa ofrecen historias de interés humano sobre las que la gente tiene interés, mientras que las muertes de los extranjeros son meramente estadísticas.” Para añadir “Las muertes en los conflictos en curso siempre reciben menos cobertura que las muertes inesperadas en otra parte (porque estas últimas son, por su naturaleza, los valores impredecibles y las noticias siempre hacen referencia a la novedad por encima de la “antigüedad”). Explica otras verdades controvertidas: “Las muertes de personas no blancas en el extranjero – y, me atrevería a afirmar, a menudo en casa – nunca reciben el mismo trato por parte de los medios de comunicación occidentales blancos. Las muertes de los árabes y los musulmanes (y, para los ojos de los medios occidentales, no hay diferencia) son ignoradas, ya que son, por distintas razones, anti-occidental, anti-cristiano o anticapitalista, o las tres cosas, y por lo tanto no merecen nuestra simpatía. En virtud de su religión y los rasgos étnicos no pueden esperar el mismo trato que se da a las personas occidentales (que, por supuesto, también son más civilizados, mejor educados y en conjunto más sano). En otras palabras, la prensa occidental es racista.”

Hernández comenta en El País madrileño “A falta de biografías o semblanzas que honren debidamente su memoria, los medios suman 80 heridos y 148 muertos, fotografiados en el patio ya sin vida, alineados bocabajo la mayoría, en una masacre que nos avergüenza a todos, pues parece que los titulares del horror que merecen ocho columnas y marchas multitudinarias, trending topics en las redes, logotipos y eslóganes pegajosos se han reservado para otro tipo de tragedias; al parecer, los muertos reciben congoja y pésame variable según el hemisferio de su desgracia o el color de su piel; al parecer, los criterios de los políticamente correcto se han filtrado como una cómoda abulia de silencio de sobremesa y ya no tiene chispa subrayar el irracional sinsentido de que más de un centenar de jóvenes mueren por sólo evidenciar su credo a manos de un puñado de confundidos jóvenes que han optado por el terror que nada tiene que ver con el credo que profesan.” El periodista Miguel A. Bestenier en un Twitter explica “La información se guía por redes de poder. Por eso, 150 muertos en Kenia importan menos en Europa que 13 en París. La moral le es ajena.” Bastenier, en El País de Madrid, apuntaba que “un medio de vocación global tiene la obligación de obtener y publicar la mejor información que pueda, como de hecho se hace en el caso de Kenia, pero en muchas ocasiones sólo se tiene acceso a despachos de agencias, en el mejor de los casos. La proximidad y la facilidad de acceder a información llevan a que se hable más sobre el atentado en Francia o sobre el siniestro de Germanwings que sobre muchos otros conflictos y sucesos. Esta peor información no sólo acaba significando que se le dé menos cobertura a un suceso, sino que además puede conducir a que “se deshumanice el conflicto” y por tanto resulte aún más difícil empatizar con las víctimas.

En nuestro país, de igual manera, la prensa en general se hace eco de las noticias que publican los grandes medios norteamericanos y europeos cuando tratan las noticias del exterior, despreciando otro tipo de noticias. La masacre de Kenia no ha sido motivo de titulares en nuestra prensa, porque son africanos, negros y pobres y están muy lejos. Sin embargo la muerte de 13 franceses, blancos, ricos y tan lejanos como los keniatas, en las mismas condiciones que los primeros sí que tuvieron muchísima repercusión y muchos titulares. Desde esta columna nos preguntamos hace unos meses ¿todos somos Charlie? Hoy afirmamos “Nosotros somos Garissa”. Y de una cosa estamos seguros, no vamos a ver una manifestación encabezada por 50 líderes políticos para honrar la memoria de los estudiantes asesinados.

Un comentario en “Je ne sui pas Garissa

  • el 13 abril 2015 a las 01:09
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    Muy buena nota periodística. Nueva información que agradecemos, pues no habíamos recibido noticia previa.
    A seguir así, INFORMANDOnos realmente; y por ende, contraatacando la DESinformación de las grandes agencias, serviles títeres de los grandes medios.

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