La violencia del siglo XXI y la falta de códigos éticos

En los últimos meses la organización yihadista Estado Islámico ha secuestrado y asesinado a soldados, periodistas y cooperantes occidentales;

en los últimos días, también ha asesinado a 2 soldados japoneses y esta semana ha hecho público un video en el que asesinaban, quemando vivo dentro de una jaula, a un piloto jordano, musulmán y suní. El Estado Islámico reclamaba la liberación de una terrorista detenida en Jordania a cambio de la liberación del piloto que había sido hecho prisionero en diciembre, pero se ha sabido que el asesinato del piloto ya se había producido mucho antes de dar el ultimátum al gobierno jordano para efectuar el canje de prisioneros.

La brutalidad del asesinato de uno de sus conciudadanos ha provocado una reacción inicial de unidad, a pesar de que la participación de la monarquía en la coalición liderada por Estados Unidos no ha sido muy popular en el país, llegando a desatar las críticas de aquellas tribus que temían una espiral de represalias por parte de los radicales.

Por Iara Bermúdez y Waldemar García

En respuesta al brutal asesinato del piloto Moaz Kasasbeh, que pertenecía a una importante tribu local aliada del monarca jordano, Jordania ejecutó a la prisionera que el Estado Islámico pedía que fuera liberada y a otro yihadista preso.

A las cuatro de la mañana del miércoles 4, Sayida al Rishawi y Ziad al Karbuli, ambos de nacionalidad iraquí, fueron ejecutados tras esperar en el corredor de la muerte en una prisión jordana desde 2005 y 2008 respectivamente.

La primera por participar en el peor atentado terrorista sufrido en el país. El segundo por asesinar a un jordano y por pertenecer a un grupo terrorista. Cumplida la sentencia de los dos yihadistas, el padre del piloto asesinado clamaba insatisfecho, “Quiero que el Estado vengue la sangre de mi hijo con más ejecuciones de aquellos que siguen ese grupo criminal y que no tiene nada que ver con el islam”, en declaraciones recogidas por la agencia de noticias Reuters.

Esta escalada de violencia está trayendo como consecuencia un brote de islamofobia en occidente.

En Alemania es preocupante el surgimiento de un grupo de corte nazi que se autodenominan, Patriotas europeos contra la islamización de Occidente (Pegida), y su nombre encierra un brote de islamofobia que fascina y aterra al país. Pegida tiene su sede en Dresde (este de Alemania), donde recluta a la mayoría de sus seguidores, mientras crece el rechazo en otras ciudades y la clase política germana condena unas marchas con rasgos xenófobos que ensombrecen la imagen del país. En la última manifestación, cerca de 18.000 seguidores de Pegida salieron a la calle en la capital de Sajonia para reclamar una ley de asilo más restrictiva y defender sus raíces judeo-cristianas, marcando un nuevo récord de afluencia en las convocatorias organizadas cada lunes, desde hace varios meses.

Coincidiendo con este crecimiento del sentimiento xenófobo en Alemania se dio a conocer que la Corte de Lüneburg, en el norte de Alemania, abrirá un proceso por crímenes de guerra en abril próximo, al ex integrante de la SS, Oskar Gröning apodado “El contable de Auschwitz”, que actualmente tiene 93 años de edad. Es sumamente importante este hecho de perseguir la justicia independientemente de los años que hayan pasado y de la edad de los criminales para que no se repitan los errores históricos que cometen algunos países.

En España, el temor a que se produzcan nuevos atentados por parte de Al Queda ha llevado a que el gobierno del conservador Partido Popular y el principal partido de la oposición el socialdemócrata PSOE, firmaron un pacto anti-yihadista en el que se vuelve a reimplantar la cadena perpetua, entre otros recortes de los derechos de los ciudadanos.

Pero la violencia y el asesinato de civiles no es patrimonio exclusivo de la yihad islámica; en Ucrania el ejercito a las ordenes del gobierno de Kiev, que cuenta con el apoyo de los países de la OTAN, está sometiendo a un duro bombardeo la ciudad de Donetsk, bombardeando incluso un hospital situado en un barrio residencial de la capital. Ya es el segundo hospital que bombardea el ejército Ucraniano, que en el mes de agosto del año pasado había atacado otro hospital. Un mayor enconamiento de los combates puede resultar “catastrófico para los 5,2 millones de personas que viven en medio del conflicto”, dijo el martes en un comunicado el responsable de Derechos Humanos de la ONU, Zeid Raad Al Hussein. Y añadió que “se han violado las leyes humanitarias internacionales que regulan la conducta en los conflictos armados” debido a que “las paradas de autobús, los mercados, las escuelas y los parvularios, los hospitales y las zonas residenciales se han convertido en campos de batalla”.

Según datos de la ONU, en las últimas semanas la guerra en el este de Ucrania se ha cobrado la vida de 224 civiles. Entre civiles y combatientes, la ONU contabilizaba hasta el 1 de febrero 5.358 muertos. “Los civiles han sido atrapados entre dos fuegos, y la situación empeora cada día”, constató Cruz Roja Internacional. La UE apoya la petición de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) de un alto el fuego de tres días en Debáltsevo para evacuar a la población civil.

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