Las poblaciones indígenas y el populismo sudamericano

Por Nico Medes

Antes de la maldición de Liborio Guarulla, hubo varias marchas de indígenas venezolanos contra el gobierno de Nicolás Maduro.

Ahora que el gobernador de Amazonas ha amenazado con echarle una maldición chamánica al presidente Nicolás Maduro, la crisis política de Venezuela ha entrado en un terreno esotérico.
El chamanismo se refiere a una clase de creencias y prácticas tradicionales similares al animismo que aseguran la capacidad de diagnosticar y de curar el sufrimiento del ser humano y, en algunas sociedades, la capacidad de causarlo. Los chamanes creen lograrlo contactando con el mundo de los espíritus y formando una relación especial con ellos. Aseguran tener la capacidad de controlar el tiempo, profetizar, interpretar los sueños, usar la proyección astral y viajar a los mundos superior e inferior. Las tradiciones de chamanismo han existido en todo el mundo desde épocas prehistóricas.

Algunos especialistas en antropología definen al chamán como un intermediario entre el mundo natural y espiritual, que viaja entre los mundos en un estado de trance. Una vez en el mundo de los espíritus, se comunica con ellos para conseguir ayuda en la curación, la caza o el control del tiempo. Michael Ripinsky-Naxon describe a los chamanes como «personas que tienen fuerte ascendencia en su ambiente circundante y en la sociedad de la que forman parte».
Un segundo grupo de antropólogos discuten el término chamanismo, señalando que es una palabra para una institución cultural específica que, al incluir a cualquier sanador de cualquier sociedad tradicional, produce una uniformidad falsa entre estas culturas y crea la idea equívoca de la existencia de una religión anterior a todas los demás. Otros les acusan de ser incapaces de reconocer las concordancias entre las diversas sociedades tradicionales.
El chamanismo se basa en la premisa de que el mundo visible está impregnado por fuerzas y espíritus invisibles de dimensiones paralelas que coexisten simultáneamente con la nuestra, que afectan todas a las manifestaciones de la vida. En contraste con el animismo, en el que todos y cada uno de los miembros de la sociedad implicada lo practica, el chamanismo requiere conocimientos o capacidades especializados. Se podría decir que los chamanes son los expertos empleados por los animistas o las comunidades animistas. Sin embargo, los chamanes no se organizan en asociaciones rituales o espirituales, como hacen los sacerdotes.

En lo que me es personal siento un profundo respeto por el chamanismo sioux de los pieles rojas norteamericanos.
Transmitida en vivo por la aplicación Periscope, la amenaza fue más que nada un show político pero dejó al descubierto un problema más amplio para los gobiernos populistas de América del Sur.
Los grupos minoritarios indígenas que luchaban contra la minería, la deforestación y la perforación petrolera en la región solían ver a los líderes de izquierda como sus aliados naturales en una lucha mortal contra el capitalismo global. Hoy muchos consideran a esos dirigentes y sus partidos igualmente voraces que cualquier empresa extranjera, o más.
Es otro ejemplo revelador de la forma en que el ascenso y la caída del populismo en América del Sur han fracturado las alianzas tradicionales de la región.

Los diputados Julio Ygarza, Nirma Guarulla y Romel Guzamana luego de jurar ante el parlamento venezolano (EFE)
En Bolivia y Ecuador, dos naciones con grandes poblaciones indígenas, sendos presidentes subieron al poder con el respaldo de los grupos indígenas tradicionales y luego vieron parte de ese apoyo convertirse en oposición.
Esto también es cierto en Venezuela, cuya población indígena, aunque mucho menor, inicialmente apoyaba al fallecido Hugo Chávez. Ahora se ha vuelto en gran medida contra su impopular sucesor.
La razón principal de la ruptura han sido los conflictos por el uso de la tierra, que se han intensificado en toda la región. Tanto Rafael Correa en Ecuador y como Evo Morales en Bolivia financiaron sus ambiciosos programas sociales con ingresos generados por la explotación de recursos naturales.

«Al principio, la mayoría de grupos indígenas apoyaron estos gobiernos debido a su discurso en defensa de los derechos territoriales, la justicia social y la inclusión», dijo Michael Shifter, presidente de Inter-American Dialogue, una organización con sede en Washington especializada en América Latina.
«Pero el desencanto no tardó en llegar en algunos sectores indígenas, cuando los gobiernos rápidamente se dieron cuenta de que, al igual que los gobiernos más derechistas, necesitaban los ingresos provenientes de proyectos de desarrollo de bosques, minería, extracción de petróleo y construcción de represas», agregó Shifter.

Una integrante de los warao, en el delta del Orinoco, dejaron Venezuela y viven de la mendicidad en Manaus, en Brasil.
A medida que se comenzó a desvanecer el boom de las materias primas, los gobiernos trataron de mantener los niveles de gasto asumiendo nuevas deudas —en su mayoría, préstamos chinos— a cambio de entregar más y más terrenos a las industrias de extracción. Eso los puso en conflicto directo con los grupos indígenas, que esperaban que la retórica anticapitalista de líderes como Correa y Morales les diera más control sobre sus tierras ancestrales, no menos.
En la turbulenta y quebrada Venezuela, el gobierno de Maduro ha puesto a disposición vastas áreas de territorio amazónico para la minería y otras industrias. Líderes indígenas en estados como Amazonas se han pasado a las filas de la oposición y las tensiones en el país han empeorado.

El gobernador de Amazonas Liborio Guarulla dijo que el gobierno le informó este mes que le habían prohibido postularse nuevamente por 15 años, citando acusaciones de corrupción que él niega. En respuesta, Guarulla dijo que hechizaría a Maduro y su gobierno con algo llamado «La Maldición de los Dabucuri».
«Les aseguro que no morirán sin tormento y que antes de morir empezarán a sufrir y sus almas vagarán por los lugares más oscuros y pestilentes antes de que puedan cerrar los ojos», dijo Guarulla, quien pertenece al grupo étnico Baniva.
La recesión económica de Venezuela ha afectado duramente a los grupos indígenas. Este año cientos de miembros de la minoría warao han abandonado la región del delta del Orinoco y se han trasladado a Manaus, Brasil, donde subsisten mendigando en las calles.
Tanto Rafael Correa en Ecuador y como Evo Morales en Bolivia han financiado sus ambiciosos programas sociales con ingresos generados por la explotación de recursos naturales.

Los choques entre el ex presidente de Ecuador y las tribus de las tierras bajas del país son aún más fuertes. El gobierno de Correa acordó con China que saldaría su deuda con petróleo, y dejó el camino libre para la perforación de algunas de las áreas ecológicamente más sensibles de la cuenca amazónica. Esto incluye parques nacionales y reservas indígenas que antes eran intocables.
Sebastián Hurtado, analista político de la consultora ecuatoriana Profitas, dijo hace mucho tiempo que el mensaje anti-minero de los grupos indígenas «los puso en conflicto con un gobierno cuyo claro interés era la explotación de los recursos naturales para financiar un ambicioso plan de inversión».

En algunas áreas de la cuenca del Amazonas, donde la perforación petrolera se ha expandido, el gobierno ha conservado el apoyo construyendo casas, carreteras y otras obras de infraestructura para compensar el impacto de la industria. El presidente Lenin Moreno ha dicho que continuará con la «Revolución Ciudadana» de Correa, la cual ha generado también tensiones que trascienden el tema de recursos naturales.

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