Aparicio Saravia

Aviso a los lectores que no soy blanco pero el personaje Aparicio Saravia confirma en mucho aquello de que la historia la escriben los ganadores y la leyenda la escriben los perdedores.

El 10 de setiembre de 1904 el cabo viejo Aparicio Saravia, ya había empezado a escribir la historia y la leyenda, su propia historia y su propia leyenda, en Rio Grande do Sul con su hermano y luego en nuestra tierra.

Es un personaje de nuestra historia por el que siento una fuerte simpatía por su valor, conforme le tengo fuete antipatía a otros por su falta de coraje, el dio su vida para el cumplimiento de las leyes y la alegría de los de abajo, palabra desagradable pero muy de uso en aquellas épocas.

En el cementerio del Buceo hay un Panteón con una escultura en bronce de cuerpo entero, como si estuviera acostado y puede interpretarse en su lecho de muerte, pero se encuentra vacío, dado que sus restos están en Santa Clara de Olimar, pago donde recibieron sepultura casi todos los suyos de aquel entonces.

Entre los hermanos a pesar de las diferencia de pelo político entre ellos, había respeto y cariño, aunque parezca paradójico, cosa que se traduce en las cartas que intercambiaban en el fragor de batallas o antes y después de ellas.

Tuve unos cuantos buenos amigos de la estirpe de don Chico Saravia y también conocí colorados y por qué no también algún “marca borrada” como los llamaba él, al cual no le tuve simpatía.

Nació el 16 de agosto de 1856 en el departamento de Cerro Largo, y fue el cuarto hijo de trece, que tuvieron Francisco Saraiva y Pulpicia Da Rosa.
Su padre era brasilero, y aunque Saraiva era su apellido, en Uruguay era conocido como Saravia.

Aparicio, destacado por su inteligencia, fue enviado a la escuela en Montevideo, pero al poco tiempo, se escapó del internado para volver a su casa y se integró con tan solo catorce años a la Revolución de las Lanzas del negro Timoteo Aparicio (1870 – 1872).

Allí se le dio el grado de cabo, y desde entonces surge el apodo “cabo viejo” que le darían sus hombres más adelante.

En 1875 junto a dos de sus hermanos, se integró a la Revolución Tricolor, siguiendo a Ángel Muníz.

En 1877 se casó con Cándida Díaz, quien fuera sobrina de Gregorio Suárez (caudillo colorado, apodado Goyo Jeta, traidor por incumplimiento de órdenes, emanadas del Presidente Gabriel A. Pereira, sobrino político de don José Artigas, arrebatando al prisionero General Leandro Gómez, héroe de al defensa de Paysandú, y lo hizo fusilar).

Años más tarde, en 1886 participó en la Revolución del Quebracho.

A partir de allí, Aparicio Saravia se instalará en la estancia de su propiedad llamada El Cordobés, y que sería por muchos años su cuartel general.

En 1893 se une junto a sus hermanos Gumersindo y Mariano, a la guerra civil brasileña dos farrapos.

Gumersindo fallece en 1894, a causa de una herida de bala.

A partir de este momento Aparicio es nombrado general, pero tuvo que dar la retirada con sus hombres, por ser una batalla perdida.

Regresó a su estancia en Uruguay en 1895, continuando con la actividad rural.

Se comprometerá con el Partido Nacional, y se enfrentará al gobierno colorado de la época, presidido por Idiarte Borda.

En 1895 se realizó una reunión con más de mil personas blancas de la zona y Aparicio fue proclamado general.

Luego fue a Montevideo donde se reunió con el Directorio del Partido Nacional.

De allí surgió que el Directorio estaba en contra de la creación de un movimiento armado, y de provocar una revuelta.

En noviembre de 1896, Aparicio junto con 80 hombres se trasladaron al departamento de Rivera donde leyó una proclama instando a los blancos a levantarse en armas contra el gobierno colorado.

A partir de allí Aparicio se trasladó a la localidad de Bagé en Brasil donde se reorganizó.

La revolución de 1897 fue un éxito tanto político como militar y culminó con el Pacto de la Cruz.

A partir de allí Aparicio fue el jefe de todo el Partido Nacional y organizó un poder paralelo al del gobierno de Juan Lindolfo Cuestas al que despectivamente sus contrarios le decían Feolfo.

En su estancia El Cordobés tuvo el centro de organización y logró que 6 departamentos del país, fueran dirigidos por 6 jefes políticos blancos que lo siguieran como líder indiscutido.

Su relación con los integrantes del Directorio del Partido Nacional no fue muy estrecha ya que él era un hombre que no gustaba de la vida de la ciudad y del trato con los “doctores”.

Sobre todo fue deteriorándose la relación con Eduardo Acevedo Díaz.
En 1903 se realizaron las elecciones nacionales donde surgió electo presidente de la república José Batlle y Ordóñez, hombre perteneciente al Partido Colorado.

Eduardo Acevedo Díaz fue expulsado del P. Nacional (ya lo había vaticinado el propio Saravia) y consiguió que Batlle y Ordóñez designara a dos de los seis jefes políticos departamentales, a personas del grupo de Acevedo Díaz.

Esto provocó un aumento de la tensión existente hasta el momento y a los que votaron fuera del partido a Batlle y Ordóñez les llamaron “los calepinos”.

En marzo de 1903, Aparicio Saravia reunió a 15.000 hombres para lanzarse a la lucha armada, pero tras arduas negociaciones, se acordó evitar la guerra civil.

En enero de 1904, se desató la que se conocería como la Revolución de 1904, parecida a la de 1897 pero más grande y sangrienta.

El 1ro. de setiembre Saravia fue herido de bala, por lo que ellos le llamaban una mora en la llamada Batalla de Masoller.

Falleció probablemente de septicemia el 10 de setiembre refugiado en una estancia en territorio brasilero.

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