Las vueltas de la vida de matador

La nieta negra del asesino nazi Amon Goeth, el conocido de la Lista Schindler.

Así, los principales ideólogos del partido cuando éste llega al poder – Walter Darré, Dietrich Eckart, Hans Frank, Rudolf Hess, Heinrich Himmler, Robert Ley, Julius Streicher, Alfred Rosenberg, etc- muestran, entre los elementos que los caracterizan, una fe ciega en un líder, Hitler, quien es concebido como encarnando todas las calidades y Voluntad de poder o vida de “la nación” y -como tal, el único que puede determinar que es y lo que no es correcto, aceptable o incluso ético.

En las palabras de un jerarca nazi: “Si el pueblo tiene confianza, y si la verdadera dirección popular está presente, el Führer será capaz de hacer lo que desee con la nación… la gente le obedecerá ciegamente y ciegamente lo seguirán.

El Führer siempre tiene la razón (cualquier parecido con Cristina Fernández de Kirchner es mera coincidencia) .

Cada uno y hasta el último ciudadano debe decirlo (…) Sí, Uds. que nos llamaban sin dios, hemos encontrado nuestra fe en Adolf Hitler y a través de él hemos encontrado a Dios una vez más.

Esa es la grandeza de nuestro día. Y esa es nuestra buena fortuna”

Poseen también un enemigo mortal, responsable de todos los problemas que han afectado a los arios a través de la historia: las razas inferiores o Untermensch – (tales como los eslavos, loa negros, los gitanos, y, especialmente, los judíos, responsables de la Conspiración judeo-masónico-comunista-internacional).

Enemigos no solo mortales pero ineludibles, no solo porque así lo determina las leyes biológicas mismas, sino porque así lo determina el único que puede determinar esas cosas: Hitler, el Führer que nunca se equivoca, en su Mein Kampf.

Los arios, como Raza superior es de donde viene el hombre creador, viril y guerrero.

De esa raza proceden todos los triunfos de la especie humana.

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Sin embargo, también creen, como Spengler, que las civilizaciones creadas por los arios decaían y morían una vez sus elementos representativos se mezclaban racialmente con miembros de esas otras razas: “El resultado de todo cruce racial es, brevemente, siempre el siguiente: (a) descenso de la raza más alta. (b) regresión física e intelectual y consecuentemente el comienzo de una lenta pero inevitable enfermedad (téngase presente el título de este artículo).

Causar tal desarrollo es, entonces, nada pero un pecado contra el creador eterno. Y como pecado será tratado”.

Una de las primeras medidas de Hitler como ‘Führer’ de los nazis fue organizar un grupo selecto, las Grupos de Asalto o SA -bajo control de uno de sus incondicionales, el ex oficial de ejército Ernst Röhm – y ordenarles “confrontar” socialistas en las calles.

Esto llevó a un incremento en la popularidad del partido nazi entre sectores más extremos en los bares y cantinas en los que los nazis organizaban sus reuniones y de ahí, entre los “nacionalistas extremos” de la población general.

Entre las figuras que se unieron a los nazis se puede destacar a Heinrich Himmler; Hermann Göring y Joseph Goebbels.

Las SA crecieron rápidamente, atrayendo miles de reclutas al punto que -en 1922- se hizo posible y necesario crear una división para “novatos” de 14 a 18 años – la Jugendbund o Hermandad de los jóvenes- que eventualmente se transformó en las Juventudes Hitlerianas.

Otro personaje de este artículo

James Cleveland “Jesse” Owens (Oakville, 12 de septiembre de 1913 – Tucson, 31 de marzo de 1980) fue un popular atleta estadounidense de origen afroamericano.

Participó en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, donde consiguió fama internacional al lograr cuatro medallas de oro: 100 metros lisos, 200 metros lisos, salto de longitud y como participante del equipo ganador en la carrera de relevos 4×100 metros.

Fue el atleta más exitoso de los juegos olímpicos del verano de 1936.

En su nombre, fue instituido el premio Jesse Owens por la importancia de su carrera.

En 1936, Owens viaja a Berlín, Alemania, para participar con el equipo de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos.

Adolf Hitler estaba utilizando estos juegos para mostrar al mundo una renaciente Alemania nazi y la fuera de una raza superior.
Hitler y otros miembros del gobierno tienen grandes esperanzas en que los atletas alemanes dominen los juegos con sus victorias.

Owens causa una gran sorpresa al ganar cuatro medallas de oro: el 3 de agosto en los 100 metros lisos derrotando a Ralph Metcalfe; el 4 de agosto en salto de longitud, después de unos amables y útiles consejos de su rival alemán Luz Long; el 5 de agosto en 200 metros lisos; finalmente, junto al equipo de relevos 4×100 metros consigue su cuarta medalla el 9 de agosto.

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Esta marca de cuatro medallas de oro en el atletismo, en una justa olímpica, no fue igualada hasta 1984 por Carl Lewis.

El primer día, Hitler sólo estrecho la mano en las victorias de Alemania, y hay quien afirma que se negó a dar la mano a Cornelius Johnson, que era negro, aunque según el portavoz de Hitler, este salió del estadio antes de lo previsto.

Los directivos del comité Olímpico insisten a Hitler en que estreche la mano a todos los medallistas o a ninguno. Hitler opta por la segunda opción y no está en las siguientes presentaciones de medallas.
Owens, en su autobiografía (The Jesse Owens Story, 1970), cuenta como posteriormente Hitler le saludó de todas maneras:

Cuando pasé, el Canciller se levantó, me saludó con la mano y yo le devolví la señal.

Pienso que los reporteros tuvieron mal gusto al criticar al hombre del momento en Alemania.

Owens fue aclamado por 110.000 personas en el Estadio Olímpico de Berlín y más tarde, muchos berlineses le pedían autógrafos cuando le veían por la calle. Durante su estancia en Alemania, estaba excluido de la ciudadanía bajo la Ley de Ciudadanía del Reich del 15 de septiembre de 1935.

Sin embargo, a Owens se le permitió viajar y hospedarse en los mismos hoteles que los blancos, lo cual en ese momento no dejaba de ser una ironía, ya que los negros en los EEUU no tenían igualdad de derechos.
Los nazis tenían lo suyo pero los yankys también.

Después de un parada de la bolsa de Nueva York en su honor, Owens vuelve a su trabajo de botones en el hotel Waldorf-Astoria.

Más tarde contaría: Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del autobús.

Volví a la puerta de atrás.

No podía vivir donde quería.

No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a dar la mano al Presidente.

El entonces presidente de los Estados Unidos de América, Franklin Delano Roosevelt, rehusó recibir a Owens en la Casa Blanca.

Roosevelt se encontraba en campaña de re-elección y temía las reacciones de los estados del Sur (notoriamente segregacionistas) en caso de rendirle honores a Owens.

Este comentó más tarde que fue Roosevelt quien lo trató con brusquedad.

Nosotros en ese momento histórico.

Nuestro humilde Uruguay, campeón olímpico de fútbol en 924, 1928 y Mundial en 1930, no participó de las olimpíadas de Roma para no hacerle el caldo gordo a Mussolini, ni a las de Berlín por tema similar con Hitler.
Fuimos más realistas que el rey porque con el equipo de fútbol que venía barriendo todos los campeonatos mundiales no le hubiera ido tan mal en Roma ni en Berlín, pero teníamos nuestros problemas en casa Gabriel Terra y compañía.

Pero nuestro artículo no está en el deporte, sino en el asesino nazi de judíos que aparece en la Lista de Schindler, que tuvo a la nieta que aparece a continuación.

El destino quiso que la alemana Jennifer Teege (Munich, 29 de junio de 1970) viera por primera vez a su abuelo, en un pequeño apartamento en el centro de Tel Aviv.

Esta mujer de raza negra nacida de una breve relación entre su madre y un nigeriano, no vio realmente a su abuelo sino al actor Ralph Fiennes que le interpretaba de forma magistral: el criminal nazi Amon Goeth en la película de Steven Spielberg, ‘La Lista de Schindler’.

Entonces, en el corazón de la Tel Aviv de mediados de los 90, Teege no podía imaginar ni en sus peores pesadillas que el brutal oficial que disparaba a los judíos de forma caprichosa y rutinaria desde su terraza del campo de concentración nazi de Plaszow (Polonia) era su abuelo.

El padre de su madre biológica, Monika Hertwig.

Ésta fue a su vez producto de la relación de Goeth con una joven secretaria de la Wehrmacht que conoció precisamente gracias a la mediación del empresario Schindler.

Descubrimiento escalofriante

En agosto del 2008, Teege descubrió la escalofriante identidad de su abuelo blanco gracias a un escrito de su madre.

Así lo contó Teege en su libro ‘Amon’ publicado en alemán hace dos años.

La versión en inglés saldrá en abril bajo el inequívoco título: ‘My Grandfather Would Have Shot Me: A Black Woman Discovers Her Family’s Nazi Past’ (‘Mi abuelo me habría disparado: Una Mujer Negra descubre el pasado nazi de su familia’).

“El primer shock para mí fue descubrir un libro sobre mi madre y mi familia que cuenta cosas sobre mi identidad que me había ocultado.

No sabía casi nada de mi madre biológica. Mi familia adoptiva tampoco.

Tenía la esperanza de encontrar respuestas a las cuestiones que me habían perturbado así como la depresión sufrida en el pasado”, afirma Teege en una entrevista al diario israelí ‘Haaretz’.

Y añade: “El segundo shock fue conocer los hechos que cometió mi abuelo”. Que no fueron pocos.
Todos ellos terribles.

Entregada a un centro infantil católico

Cuando tenía un mes, Teege fue entregada a un centro infantil católico y a los tres años quedó bajo custodia de una familia adoptiva.

En 1990, Se fue a vivir a París donde se hizo muy amiga de una israelí. Posteriormente visitó Israel y mantuvo una relación amorosa con un miembro de una unidad de élite de la Marina.

Tras separarse, Teege se quedó en Tel Aviv. Aprendió hebreo, completó los estudios sobre Oriente Medio y África en la Universidad de esta ciudad y trabajó en el Instituto Goethe.

Preguntada por ‘Haaretz’ sobre si tuvo dificultades en Israel debido al color de su piel, contesta: “En este sentido, me fue más fácil en Israel que en Alemania. Quizá por la emigración de etíopes, yo no era algo excepcional como me pasaba en Alemania”.

Tras sus cinco años en Israel, Teege se trasladó a Hamburgo.

Una vez descubrió que su abuelo era el sádico criminal nazi, acudió a un psicólogo que rompió a llorar cuando escuchó por primera vez la historia de su cliente.

“Los hechos que ocurrieron hace mucho tiempo, me parecían muy cercanos. Cuando me sumergí en la vida de mi abuelo, me pareció que sus crímenes fueron cometidos ayer mismo”, revela sobre el padre de su madre.

‘El carnicero de Plaszow’

El abuelo era conocido como “el carnicero de Plaszow”.

Con eso está todo dicho. O casi. El hombre que quiso interpretar el papel de Dios y veía sus presos judíos como minúsculas piezas en su estrategia de tortura y asesinato.

El hombre que fue sentenciado, entre otros cargos, por su responsabilidad directa en la muerte de al menos 8.000 presos en Plaszow y otras 2000 personas en el gueto de Cracovia.

El hombre que tenía dos perros, Rolf y Ralf, entrenados para aterrorizar a los presos del campo de concentración.
El hombre que, como reza el título del libro, no hubiera dudado ni un solo instante en fusilar a su nieta negra antes del desayuno.

Como parte de su terapia y curiosidad, Teege visitó el campo de Plaszow. “Quise ir al lugar donde mi abuelo asesinaba, acercarme mucho a él para luego alejarme”, explica en el libro.

Pero no lo consiguió como confiesa recordando una de las terribles “hazañas” de su cruel abuelo: “Una vez vio a una mujer judía que estaba cocinando una patata en un lugar destinado a los cerdos.

Tenía tanta hambre que se comió una.

Goeth la disparó un tiro en la cabeza y ordenó a dos presos tirarla, aún con vida, a un depósito de agua ardiente.

Uno de ellos se negó y Goeth le mató”.

2 comentarios en «Las vueltas de la vida de matador»

  • el 20 febrero 2015 a las 11:19
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    La pena capítal para un criminal en china es la pena de muerte. Como en antaño, el fusilamiento es una forma de matar a los prisioneros en guerra que servía para mejorar la puntería de los soldador.
    La pena de muerte en china se realiza mediante un fusil de asalto, con una bala hueca que se le dispara en la cabeza al criminal. Vos sos un criminal en china, si te apartas de las normas reglamentadas por un gobierno totalitario o te manifestas en contra del régimen comunista.
    Esto existe hoy, siglo 21.
    China tiene I.400 millones de personas dentro del régimen, con prohibiciones de todo tipo, hasta de internet. En el mundo viven 7.000 millones de personas.
    Según el diario Beijing Waibao, citando fuentes del Ministerio de Sanidad, entre el 60 y el 70% de los órganos trasplantados en China provienen de “criminales ejecutados”.
    Si a la gente no le importa esto; ¿Quieren seguir hablando de la segunda guerra mundial y Hitler?

  • el 22 febrero 2015 a las 13:11
    Enlace permanente

    Que haya sobrevivido al holocausto está señora negra debe ser el peor castigo para su abuelo porque se salvó una de las víctimas que no lo fue y lo marca no solo como lo que fue, sino que mezclaba la líbido con el vicio sádico de asesinar como quedo muy de manifiesto en la excelente película La lista Schindler.

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