Otra vez abuelo

No por serlo unas cuantas veces uno pierde la novelería. Sí señor, soy abuelo nuevamente y ya había entrado en el tema del abuelazgo en enero, con un artículo que seguramente no deben de haberlo leído porque estaban rindiéndole culto al dios AMON RA, el dios del sol de los egipcios, aquel del ojo que todo lo ve, ese que los dermatólogos odian y nos mandan cubrirnos de su presencia.

Me crié a lo indio, sin gorros ni pomaditas y no me puse ni pienso ponerme ni lo uno ni lo otro.

Ahí me ponía en el rol de abuelo permisivo, el abuelo consentidor y si no fuera para eso, para consentirlos, para mimarlos, para echarlos a perder, para que íbamos a existir los abuelos, me pregunto, no sé.

Hace muchos años que dejé los juguetes propios, pero cuando voy a los supermercados hay abundante oferta para quedar bien con el rol de abuelo y me gustan los bichos y los libros de animales.

El niño con sus tres añitos le dice gorila al gorila y no mono, distingue un camello de un dromedario, está a un muy buen nivel en la materia.

Al perro no le dice baubau, sino Lucca o perro.

Mi cuñada para fin de año me regaló unos libros con dibujos de animales para que se los leyera al jefe, en ese entonces de dos años y medio, sentado en la falda.

Acto continuo y sin perder el tiempo fui y los cambié porque la relación faldera la tenemos para otros menesteres, como ser mimarnos y abrazarns, pero leer no le leo, porque conoce todos los bichos.

Lo que le hago son dibujitos de Pluto, de Silvestre, el pato Donald y le explico que no debe salirse de la raya del dibujo, al pintarlo, cosa que hace bastante bien mientras le dura la paciencia.

Pero animales, libros, rompecabezas que ahora les llaman puzles, y autitos, aplanadoras y toda clase de maquinaria vial, los conoce de memoria, la cual es fotográfica.

Tan es así que tengo cara de regalo, si señor, cuando llego a ver a mi único nieto, el me mira las manos o simplemente, sin hacer cumplidos, pregunta que regalo le traje.

Eso si, lleve lo que lleve, le guste o no, lo agradecerá varias veces con besos y abrazos incluidos.

Otro detalle jamás voy con las manos vacías, con mis hijas chiquitas el sistema era otro cuando llegaba tenía cuatro bombones en casa bolsillo del saco y ellas venían derechito y los sacaban y daban cuenta de ellos prontamente.

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La entrega del regalo forma parte un ritual, el de hacerlo envolver bien, para que le dé bastante trabajo desempaquetarlo, como hacen en los restaurantes con un plato de comida, lo demoran y cuando lo traen, resulta que es para la mesa de al lado, a uno le empiezan a funcionar más activamente los jugos gástricos, y más ahora que está prohibida la mayonesa, la sal, y todos los vicios menos el whisky, el vino o la cerveza, porque no le bajaron los impuestos al señor que vende las comidas, sino que al exonerarlo de la galletita, la mayonesa, la kétchup, la sal, la pimienta, un rubro que no cobraba y uno consumía, se le aumentó indirectamente el margen de utilidades al buen señor, e igualmente siguen cobrando el cubierto y el pan.

Uno se mataba a conciencia, comiendo lo que le había prohibido el ginecólogo de las arterias, si ya sé que es un cardiólogo, especializado en las cañerías embutidas del individuo, pero me resulta más simpático el ginecólogo, porque trabaja en donde otros se divierten, pero parece que los de la Intendencia, han resuelto que el que se quiera suicidar comiendo chatarra, tiene que hacerlo en la casa o en su defecto si en la casa está la doña que arma el tal lío, para suicidarse tiene que tirarse debajo de un ómnibus o una moto, creo que es más eficaz una moto y como siempre andan en la cocoa, el seguro va a pagar la póliza igual, porque los accidentes mortales, la mayoría son de motociclistas y entonces que van a sospechar de un abuelo atropellado por una moto que haya sido él el que se tiró abajo.

A la salud de los motociclistas y afines he tomado como hábito, no respetar más las preferencias, dejo pasar a todo el mundo, al que aparezca por el lado que aparezca para mí siempre tendrá preferencia el otro, no cruzo con la luz amarilla y si justo cambia freno bruscamente, prefiero que me choquen de atrás y no llevarme una moto puesta.

Pero estamos hablando de una nueva vida, con poco uso y no de una supergastada como la de uno, y dije unos renglones más arriba mi “único nieto” y por supuesto, todos los nietos que uno tenga, así sean 14 o 23, siempre son únicos, cada uno con sus gustos, fechorías, sus cariños y besos.

He cumplido un par de veces con el rol de abuelositter, con excelentes resultados, porque el lapso fue corto, tal vez por falta de confianza de mi hija sobre mis reflejos ante el pichí o lo sólido, o que me pidiera el infrascrito y yo no entendiera el lenguaje gestual, ese dialecto que lo entienden solamente las madres, o el sujeto se aguantó para que yo no quedara pegado como abuelo inútil.

Cuando lo cuido dibujamos, pintamos y si la mano viene de ver televisión no hay problema, lo dejo que la mire solo.

Nunca tuve que rezongarlo, claro está que él tiene muy claro en su entendedera que la voz masculina es una voz de mando y cuando da una orden se cumple.

Volviendo al evento de este fin de semana, yo veía que mi hija estaba bastante pesada y que en cualquier momento iba a ser madre nuevamente, pero ahora saben todo de antemano, no como le pasaba a mi viejo dado, que yo soy el quinto varón buscando la nena.

Cuando la partera le gritaba desde el dormitorio (sala de partos de antes) “varón, el viejo automáticamente la puteaba.

A mí me gustan las nenas y solamente mujeres me nacieron.
Sobre la nueva nieta, sabían hasta cuánto iba a pesar.

Estaba tranquilo leyendo en la computadora y me entra un correo con la foto de mi yerno, con mi hija y la nena en brazos a los pocos minutos de haber nacido.

Con los nuevos celulares y con la entrada de los maridos a la sala de partos la noticia al instante y a mí no me habían avisado nada porque ni tiempo tuvieron.

Pero la alegría inmensa de una niña sana y un parto sin complicaciones, cien por ciento Ok, me desasosegaron con una cosa que venía pensando los últimos nueve meses, como tomaría el varón, dueño de todo, la entrada de una niña y menor en su feudo.

No las tenía todas conmigo, pero no por mucho pensar antes las cosas pasan igual o distintas, uno pasándose la película lo único que hace es ponerse nervioso y perder el tiempo en tonteras.

Ya estaba todo previsto, cuando la presentación entre sí de los nuevos hermanos, ella le traería de regalo desde París, una autopista con un montón de autitos.

La noche anterior a la presentación del sujeto y la sujeta, habían armado la pista y todo bárbaro.

El mayor se había lastimado un pie y la presentación fue algo frustránea, porque además tenía algo de fiebre, pero quedó planteada la nueva situación, ya sabía desde la noche anterior que había llegado la futura compañía, y tal vez se lastimó un poco para llamar la atención, tal vez, o tal vez no.

Al día siguiente cuando la definitiva, tengo las fotografías, porque la presentación fraternal debe ser sin público para evitar distracciones o comentarios ociosos que no vienen al caso y tal vez compliquen el encuentro.

La cara de felicidad del varón, del que jugaba de locatario, no tiene desperdicio, una sonrisa de oreja a oreja y al tomarla en sus brazos, con sus tres añitos recién cumplidos, pone los dedos en forma de que no pudieran lastimar a la niña, a la recién llegada.

Vive pendiente de ella, la besa, la mima y es una sonrisa permanente con ganas, no como esas que te dan un beso y tuercen el hocico para el costado.
Lo de él es auténtico.

Ahora es un problema menos, se llevan bien, bah… el aceptó encantadísimo la aparición de la hermana, perder el unicato y compartirlo con esta niña, que hoy por hoy, es un pedazo de carne con ojos.

Cuando crezca la cosa será distinta pero ya ella no será tan indefensa y él podrá razonar que no le están usurpando el lugar, ni los amores, maternos y paternos y familiares.

Es una linda experiencia, que nunca había vivido y cuando uno llega a cierta edad cree que le ha pasado todo, he visto todo y sin embargo, de estas pequeñas cosas que hacen la vida, no había tenido, ni la había pensado.

Porque en mi caso, las hermanas se llevan 13 meses y la mayor, la madre actual, ni se enteró cuando apareció la hermana porque no tenía el registro del uso de la razón muy activado todavía.

Bueno amigos, a votar el domingo y hágalo a conciencia, porque si lo hace mal, tenemos cinco años

Un comentario en «Otra vez abuelo»

  • el 30 mayo 2014 a las 10:15
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    Por un lado mejor que las nietas sean todas mujeres porque si te salen pibes te hacen jugara a la pelota con el nieto para entrenerlo y te quiero ver…( a ver papi, el nieto quiere jugar a la pelota) jajajajaja! preepara la cajita de pastillas contra los dolores!!!

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