Los Zoo humanos

Hay temas sumamente dolorosos ya sea que se practique sobre una persona o sobre mil será igualmente espantoso.

Nosotros no fuimos ajenos a este tema, colaboramos con cuatro charrúas más una niña que nació en cautiverio, no fueron enviados a un zoo sino que fueron exhibidos en un circo y si se realizó algún análisis científico fue de carácter secundario porque el fin era exclusivamente el lucro.

Tal vez hoy recordemos los nombres de estos charrúas por tal hecho y porque murieron en ese ostracismo totalmente ajeno a nuestras normas y no murieron en el anonimato colectivo de la matanza de Salsipuedes.

Estos no murieron en el anonimato, sino en Francia y se llamaban Senaqué, Tacuabé, Guyunusa y Vaimaca-Pirú por sus nombres aborígenes, aunque también tenían sus nombres cristianos, pero por respeto a ellos u a su etnia prefiero llamaros así y fueron los últimos charrúas, los sobrevivientes.

Monumento a los últimos charrúas

Senaqué, Tacuabé, Guyunusa y Vaimaca-Pirú fueron los últimos charrúas, los sobrevivientes.

El 8 de junio de 1833 fueron examinados por primera vez por los miembros de la Academia de Ciencias Naturales Paris.

¿Te imaginas cómo se habrán sentido, lejos de su tierra, en un mundo para ellos diferente, observados por gente extraña que hablaba un idioma desconocido?

Los especialistas les medían el cráneo, estudiaban sus reflejos, observaban su sangre al microscopio y anotaban todo en gruesos cuadernos con tapas de hule.

Senaqué, el curandero del grupo, había enfermado durante el viaje y falleció poco después. Guyunusa, la mujer de Tacuabé, dio a luz una niña en la capital francesa y falleció al poco tiempo.

Tacuabé, luego de un intento de fuga, logró finalmente escapar con su hija. Vaimaca-Pirú quedó solo.

Poco antes de morir, fue adornado con lanza y boleadoras para ofrecer un espectáculo más atractivo a los hombres, mujeres y niños que concurrían para verlo.

Sobre sus últimos días, expresa Hugo A. Licandro en su cuento “Vaimaca Pirú o la muerte por melancolía”:

Durante esos tres días Vaimaca se negó a comer; sólo aceptó sorbos de agua fresca; dos días después murió.

Los médicos coincidieron en diagnosticar “muerte por melancolía” y todo parece indicar que así fue.

El monumento a los últimos charrúas, ubicado en el Prado de la ciudad de Montevideo, se inauguró en 1938.

Sus autores fueron los uruguayos Edmundo Prati, Gervasio Furest Muñoz y Enrique Lussich.

Está realizado en bronce, sobre una base de granito rosado.

En él se pueden ver representados a los cuatro indígenas con sus vestimentas características, rodeando un fogón.

Senaqué, sentado, sostiene un mate en la mano derecha.

El cacique Vaimaca se encuentra de pie, y más atrás puede verse a Guyunusa, con un niño en su falda.

Delante de ella, en el otro extremo del grupo, está Tacuabé.

Como eran los charrúas no podemos saberlo a ciencia cierta porque este grupo escultórico está hecho artísticamente y no antropológicamente, pero me los imagino, como muchos criollos del norte de Tacuarembó, Salto, que vestigios de las correrías de los charrúas, deben haber quedado mezclados con los gauchos de la época.

Pero la historia de este tema sigue con menos espíritu científico y más comercial.

Cuando parecería que el siglo XX el tema no fue tan salvajemente explotado por el hombre blanco, tenemos un gran comercio en la zona especialmente con aborígenes patagones de diversas tribus, del que no son inocentes ni los franceses, ingleses, belgas, alemanes, chilenos y argentinos.

Oslo encarga a dos artistas la recreación de una exposición de 1914 para debatir sobre racismo.

Grupo de africanos que fueron exhibidos a principios del siglo XX en uno de los poblados construidos en Europa.

La idea no es nueva, todo lo contrario.

Lo que hace el Kongolandsbyen o Zoo Humano es reproducir la pequeña ciudad zoo que ya existió en Oslo en 1914.

Entonces, con motivo del primer centenario constitucional, abrió durante cinco meses, un pueblo exposición que todos conocían como Villa Congo.
En él vivían 80 personas de origen africano, casi todas de Senegal, que reproducían usos y costumbres africanas para deleite de los visitantes a quien todo aquello les parecía muy exótico.

Un millón y medio de noruegos, tres cuartas partes de la población del país a principios del siglo pasado, pagaron con gusto la entrada para ver a los africanos vestidos de forma tradicional, cocinando, comiendo y haciendo artesanía en cabañas con techo de palma.

Hace 100 años el propio rey de Noruega ofició la inauguración de la exposición.

La de Oslo no fue la única Villa Congo que se instaló en Europa.

Hubo varios zoológicos humanos, también llamados exposiciones coloniales. En Bélgica, Alemania y Francia, se exhibieron africanos y personas de otros pueblos no occidentales en muestras similares que ayudaron a convencer a la opinión pública europea de la necesidad de la colonización.

Exponer a los africanos como animales, incivilizados y primitivos justificaba el ir a África, reforzaba la idea de que occidente era la sociedad más avanzada del mundo y garantizaba el entretenimiento en una época en la que pocos tenían acceso a mundos diferentes.

En ocasiones, la dureza de estas exposiciones acabó con varias vidas.
En Bélgica, por ejemplo, algunos de los 267 congoleños exhibidos murieron durante la exposición y fueron enterrados sin ceremonia en una fosa común en total anonimato.

El noruego Mohamed AliFadlabi y el sueco Lars Cuzner son los artistas artífices de la exposición actual en Oslo.

Una muestra que ha costado casi un millón de coronas noruegas, unos 123.000 euros.
La gran diferencia con 1914, según los artistas, es que los que participan en la exhibición están en ella de forma voluntaria.

El objetivo que Fadlabi y Cuzner dicen tener es “recordar el pasado y abrir con la recreación de Villa Congo un debate sobre el colonialismo y el racismo en el mundo post-moderno”.

El primer paso en el debate es, según ellos, reconocer el pasado racista de Noruega.

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Los artistas, que no han dudado en jugar con la ambigüedad, argumentan que el proyecto es parte de una conversación honesta acerca de la raza.

“El racismo es un aspecto desagradable del pasado que todavía forma parte de nuestro presente”.

Añaden que el complejo de superioridad racial de la mente europea no es una cosa del pasado, es una cosa presente.

Así pues, el zoo humano noruego no es necesariamente una mera reconstrucción del pasado.

Es real en muchos niveles.

Algunas organizaciones del país han calificado el proyecto de racista, desafortunado y deshumanizante.

Muauke B. Munfocol , congoleña residente en Noruega, cree que el gobierno de Noruega no debería haberse gastado el dinero en una exposición así .

“Uno podría preguntarse por qué ahora, en lugar de poner los esfuerzos en reconocer la existencia del racismo, el pago de las reparaciones históricas y el cambio de la relación histórico-político y cultural con países que no son blancos, el gobierno noruego opta por financiar un proyecto que reafirma su papel en un sistema de dominación blanca global donde los negros son deshumanizados espiritual, económica, social y culturalmente”.

Ella no es la única indignada. RuneBerglund, jefe del Centro de Lucha contra el Racismo de Noruega, asegura que le “resulta difícil ver cómo este proyecto se podría hacer de una manera digna”.

Hasta la embajada de Bélgica en Oslo ha pedido también que la bandera belga fuera retirada de la entrada de Villa Congo.

A fines del siglo XIX grupos aborígenes, principalmente de África, fueron capturados y llevados a Europa para ser exhibidos como salvajes en zoológicos humanos y el público pagaba altos precios por ver el ‘espectáculo’. En Europa, por ejemplo, se exhibían a los nativos en lugares como la Torre Eiffel, el barrio de Westminster y el Parque Léopold, a los pies de la sede del actual Parlamento Europeo.

Pese a que muchos criticaban a los ‘zoo humanos’, estos aún continuaron reuniendo a gran cantidad de público ya para mediados del siglo XX.

El más polémico, sin duda alguna, fue el de Bélgica (Exposición General de primera categoría de Bruselas), puesto que la foto de una niña congoleña en 1958 causó indignación en Europa y generó que grupos que protegían los Derechos Humanos salieran a protestar a las calles.

El concepto de zoológico humano no ha desaparecido completamente; en agosto de 2005, el London Zoo exhibió a participantes voluntarios desnudos.

Selknam llevados a París por Maître en 1889.

El término de zoo humano describe una actitud cultural de supremacía racial, que, según algunos investigadores, prevaleció en los imperios coloniales hasta la Segunda Guerra Mundial.

Fue popularizado por la publicación en 2002 de la obra Zoológicos humanos, escrito por varios historiadores franceses especialistas del fenómeno colonial.

Las exposicionescoloniales fueron la ocasión de presentar al público de la metrópoli una muestra de los diferentes pueblos colonizados, puestos en escena, en situación forzada en un ambiente reconstruido.

Eufemísticamente también se las rotulaba como «exposiciones etnológicas» o «ciudades de negros», enfatizando las diferencias culturales entre las naciones occidentales y las no europeas.

Estoszoosetnográficos han sido criticados por alevosamente degradantes de la condición humana, y por racistas.

Los primeros zoos humanos

Una caricatura de Sara Baartman, la Venus hotentote; nacida en la nación sudafricana joisán, fue exhibida en Londres a principios del siglo XIX.

Uno de los primeros antecedentes de los zoológicos humanos fue la colección de Moctezuma en México, la cual no solo consistía en un auténtico zoológico, lleno de diversos animales importados de toda Mesoamérica y Aridoamérica, sino que también exhibía a personas poco comunes como enanos, albinos y jorobados.

En el Renacimiento, los Médici, crearon una importante colección de animales en el Vaticano.

En el siglo XVI, el cardenal Hipólito de Médicis tenía una colección de gente de diferentes razas.

Él mismo dijo que entre sus “bárbaros” se escuchaban hasta 20 idiomas, ya que tenía entre su “colección”, moros, tártaros, indios, turcos y africanos.
Uno de las primeras exhibiciones públicas de humanos fue la exhibición de P.T. Barnum de la mítica supercentenaria de 161 años, JoiceHeth el 25 de febrero de 1835 y, luego, los siamesesChang y Eng Bunker.

Sin embargo, la noción de la curiosidad sobre otros humanos tiene una historia tan larga como el colonialismo.

Por ejemplo, Cristóbal Colón lleva indígenas de sus viajes al Nuevo Mundo a la corte castellana en 1493.

Otro famoso ejemplo fue Sara Baartman de la nación nama, con frecuencia referenciada como la Venus hotentote, que fue lisa y llanamente exhibida en Londres hasta su deceso en 1815.

Durante los 1850, Máximo y Bartola, dos niños microcefálicos de México, se exhibieron en Estados Unidos y en Europa bajo los nombres de “niños aztecas” y “liliputienses aztecas”.

Sin embargo, los zoos humanos se volvieron comunes solo en los años 1870, o sea a mediados del periodo del Nuevo Imperialismo.

París, 1881: En septiembre de 1881, once fueguinos fueron exhibidos en el Jardín de Aclimatación, no se tiene claro si eran alacalufes o yaganes.
Habían sido raptados en las costas del estrecho de Magallanes por Johann Wilhelm Wahlen, marino alemán.

En los primeros días, la hija menor de uno de ellos murió.

Luego de París fueron exhibidos durante tres semanas en Berlín, donde los alojaron en el recinto de las avestruces.

La gira siguió rumbo a Leipzig, Múnich, Stuttgart y Núremberg.

Para entonces ya se encontraban bastante enfermos y camino a Zúrich murió una mujer apodada Grethe, la salud del resto del grupo estaba tan frágil que debieron cancelarse todas las presentaciones en Suiza.

Fue en este momento cuando el empresario Carl Hagenbeck intervino y envió de regreso a Punta Arenas a los cinco sobrevivientes de la gira, ya que el responsable de llevarlos había dado un depósito de garantía por los indios.

En el viaje murió el último, apodado Andrés.

Así es cómo regresaron tan solo cuatro de los once.

En la representaciones que hicieron de este grupo, nada hacía señalar que eran canoeros, si no todo lo contrario, los representaron como nómades terrestres.

La presentación, representación e interpretación, lo que el ojo veía era lo que la mente pensaba, así la mente estaba gobernada por los sentidos.

Las fotografía tomadas y los grabados e ilustraciones realizados a partir de aquellas exposiciones fueron tomadas como verdaderas y adquirieron carácter científico con enfoque antropológico.

París, 1889: Desde el 6 de mayo hasta el 31 de octubre se celebró en París el centenario de la revolución en una Exposición Universal.

En el marco de la celebración de igualdad, fraternidad y libertad, se exhibieron once indígenas selknam. Maurice Maître raptó en la bahía San Felipe a toda una familia, a quienes llevó atados con cadenas.
De los once, dos murieron en el viaje.

Fueron presentados tras rejas como caníbales, todas las tardes les arrojaban carne cruda de caballo y los mantuvieron sucios y sin posibilidades de higiene, para que tuvieran la apariencia de salvajes, todo para obtener beneficios comerciales.

Ante las inhumanas condiciones de la exposición la S.A. MissionarySociety comenzó a exigir la liberación y el retorno de esta familia a Tierra del Fuego. Fue tal la presión que obligó a Maître a cancelar la gira por Inglaterra y se fueron a Bélgica.

De los once selknam solo siete llegaron con vida a Petit-Carmes en Bélgica. Una vez en Bruselas fueron exhibidos en el Musée du Nord, el cual ofrecía una amplia variedad de atracciones, desde equipos eléctronicos hasta obras de teatro con actores enanos.

Fue en este contexto que el grupo de siete selknam fueron encarcelados por la policía belga en la sección de extranjeros.

Tras este episodio, Maître y el grupo de selknam, volvieron a Inglaterra desde donde se embarcaron de regreso a Tierra del Fuego.

De los once regresaron seis.

París, 1883. Mapuche En junio dos familias de Mapuche fueron exhibidas en el Jardín de Aclimatación: un grupo de seis hombres, cuatro mujeres y cuatro niños.

Fueron llevados hasta el lugar por el alemán Richard Fritz y según los registros había participado en un guillatun en la comunidad de estas familias, lo que indica un nivel de cercanía, por ende que no fueron llevados hasta Europa por la fuerza.

Durante la exposición en París la representación se hizo a través del juego del palín y por el uso de sus instrumentos, sobre todo por el sonido de la trutruka. Después de París, la gira continuo rumbo al zoológico de Berlín y a una feria navideña en Hamburgo y en el palacio de la moneda (Chile).
En términos etnográficos, la Sociedad de antropología de la metrópoli belga, recalcó en numerosas ocasiones lo reacios que eran para ser medidos y fotografiados para fines científicos.

Campamento Tuareg en la exposición de 1907 en Paris.

El concepto de zoológico humano no ha desaparecido completamente; a pesar de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” de 1948.
Una ciudad congolesa se inauguró en la Exposición General de primera categoría de Bruselas (1958) o Expo 58.

Una aldea africana fue inaugurada en el Zoo de Augsburgo, Alemania en julio de 2005.

En agosto de 2005, el London Zooexhibió a participantes voluntarios desnudos.

En 2007, el Zoo de Adelaida corrió una «Exhibición de Zoo Humano» consistente en un grupo de gente que, como parte de un ejercicio de estudio, simulaban el encierro de un primate durante el día, y retornaban a sus hogares de noche.

Los habitantes tomaban parte en varios ejercicios, con mucho de divertimento para los que miraban, que eran invitados a donar para nuevos encierros.

Cuando uno piensa que lo ha visto todo, lo único que le resta es vivir un poco más y se sorprenderá con algo más insólito.

Hasta que no me topé con este tema, pensaba que los cuatro pobres charrúas habían sido un caso aislado, he leído mucho pero todavía cuando me falta por leer y andar.

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