1 octubre 2023
Guión 3.0PORTADA

Ganan los que tienen el bochón

Hay quienes sostienen que para ganar solo hay que hacer las cosas bien.

Cuando era pequeño, jugábamos en el barrio a las canicas, más conocidas en estas latitudes como las bolitas. Estas esféricas piezas generalmente eran construidas de vidrio o cerámica.

Tener una bolsita de canicas en aquellos días era la alegría de todos los niños. Habían de diferentes colores y diseños, por cierto muy hermosas.

Reglas generales de juego de las canicas

Para los que nunca han jugado a las canicas, les explico brevemente en qué consistían las reglas de este popular entretenimiento en mi infancia. Los participantes tienen que acertar en un hoyo para luego poder chantar y ganar la canica del adversario.

Jugábamos generalmente en la vereda, sobre suelo tierra o pasto. Lo primero que hacíamos era un hoyo de unos 2 o 3 dedos de circunferencia.

Trazábamos una linea en distancia con el hoyo para comenzar el juego. Todos tiraban sobre el hoyo. El primero que acertaba con su canica dentro del hoyo, comenzaba a tirar sobre la canica que mejor le convenía por cercanía del rival. Adelantaba una “cuarta” , con el dedo pulgar y el meñique desde el hoyo para hacer puntería en cercanía con la canica rival.

Cada vez que acertaba, se quedaba con una canica a elección de ese adversario.

Si erraba el tiro, le toca al adversario jugar. Pero para tirarle a la canica rival, tenía que embocarle al hoyo primero. Si no lo logra, el que anteriormente fallo en chantar, para tirarle nuevamente a la canica rival, también antes debía embocarle al hoyo. Y así continuaba el juego. Embocar al hoyo para tener el derecho de chantar (embocar) a la canica rival.

Los jugadores que tenían mejor puntería, acumulaban las canicas del contrario. Habían amiguitos que tenían una gran bolsa de canicas y otros, con menos puntería ayudaban a acumular de canicas de la bolsa de los ganadores.

El bochón asesino de canicas

Sin embargo, teníamos algún amigo, cuyo padre era mecánico o en cercanías con este oficio, que traía unas canicas más grandes y de metal. Se usaban en los rulemanes. Las llamábamos “bochones”. Y eran verdaderamente asesinos de canicas. Porque los bochones metálicos, tirados con fuerza, rompían las pobres canicas tanto de vidrio como de cerámica. Sin embargo, el perdedor, tenía que darle al ganador una canica a elección y sana.

Que desalmado el dueño del bochón metálico. Que oportunista. Que desigual que se encontraba jugando con las canicas rivales tanto vidrio como de cerámica. Aparte de tramposo, porque cuando le tocaba jugar a él, lo hacía con el rulemán metálico, pero cuando le tocaba el turno al contrincante, ponía una pequeña bolita de vidrio.

El dueño del bochón nunca lo entrega cuando perdía

¿Por qué desafiar al tramposo asesino de tus canicas?. Sucede que el dueño del bochón tenía una bolsa enorme llena de hermosas y coloridas canicas. Y te daba dos bolitas a elección cada vez que perdía.

Moraleja; si te ofrecen mucho por lo mismo alguna trampa siempre habrá.

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