Mi velorio

Iba caminando por un campo sin confines.
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En cada paso, renacía el rumbo hacia ti.Y en cada flor, como una seña de que había tomado el buen camino, veía tu cara…

En las caléndulas, en las clavelinas, en los lirios…

De pronto, encontré una margarita dormida –ruleta de oro- y quise jugar con ella a ver si te encontraba, pero cuando ya había asido uno de los pétalos apareció otra vez, también aquí tu cara, en ese eterno amanecer que es el corazón de las margaritas!

Y me quedé sin saber nada.

Y sigo el camino sin saber nada…

Abro los ojos, todo iluminado y me encuentro en el sobretodo de madera, rodeado de sillas, con las respectivas viejas, esas que vienen para cumplir, son las primeras en llegar y las últimas en despegar.

Nada de cirios, ni Cristo crucificado en la tapa, que está parado recostado contra la pared, como esperando la voz de ahura.

Como soy un tipo previsor ya tenía redactado de antemano el aviso fúnebre, quitándole también la cruz y toda esa letanía de Murió en la Paz, teniendo un país chico pero amplio, todos terminamos muriendo en la Paz.

Sigue en pag. 2

2 comentarios en «Mi velorio»

  • el 7 junio 2013 a las 11:53
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    esta bien buena la historia por eso hay que empastillarse de noche cosa que si te agarran las pesadillas ni te acordas..

  • el 20 junio 2013 a las 00:49
    Enlace permanente

    Me encanta la frase al principio de la nota.

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